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MHEALTH Y EL SECTOR SALUD

Draft Digital
29 jul., 201929 jul., 2019
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El uso de los dispositivos móviles, especialmente los teléfonos inteligentes, está siendo sin lugar a dudas un elemento clave en la transformación digital. Por supuesto, el sector salud también ha visto cómo la influencia de este tipo de herramientas electrónicas ha influido en la relación entre los pacientes y los profesionales sanitarios.

¿Qué es la mHealth?


A grandes rasgos, mHealth, también conocida como salud móvil, es la rama de la eSalud en la que la práctica de la atención sanitaria está respaldada por dispositivos móviles como teléfonos móviles, tabletas, asistentes virtuales y aplicaciones móviles.

La salud móvil tiene diferentes aplicaciones que van desde la educación y sensibilización, hasta el apoyo diagnóstico y el tratamiento. Pero también se aplica en el seguimiento de epidemias y enfermedades, en la gestión de la cadena de suministro sanitario, la recopilación remota de datos e incluso, en el manejo de enfermedades crónicas.

Un estudio de la OMS recoge las diferentes iniciativas que ya existen en torno al marco de la mHealth, un sector que según el informe globalMobile Health (mHealth) y MHealth Apps Market” seguirá creciendo de manera exponencial hasta 2025.
 
Uno de los factores clave que ha favorecido la rápida inserción de la mHealth en el sector sanitario es el crecimiento del mercado móvil. Los estudios prevén que, en 2025, un 72% de la población mundial tendrá a su disposición un teléfono móvil con conexión a internet con el que poder utilizar aplicaciones móviles, entre ellas las dedicadas a la salud.
 
Precisamente las apps móviles son una de las claves en todo este escenario, tanto aquellas que ayudan a impulsar hábitos de vida saludables, como las que favorecen la detección precoz de enfermedades, su prevención o el seguimiento de enfermedades crónicas como Mecuido, que ayuda a mejorar la adherencia al tratamiento en pacientes crónicos.
 
Según el segundo informe sobre la adopción de la mHealth por parte de los pacientes realizado por el IMS Health Institute, el 70% de las aplicaciones del mercado están destinadas al público general a través de los sectores del bienestar y ejercicio. El 30% restante están destinadas a los profesionales sanitarios, especialmente como canales de información o herramientas para registrar datos de los usuarios.
 
Sin embargo, como todo lo que crece rápidamente y en un entorno con una regulación aún un tanto difusa, la adopción de la mHealth de forma integral aún se encuentra con algunas barreras.


Un campo aún por legislar


Una de estas barreras es el riesgo de que haya contenido no regulado o no actualizado correctamente dentro de la propia aplicación, lo que podría llevar a una toma de decisiones equivocada, especialmente en el caso del seguimiento de enfermedades crónicas.

Otro riesgo importante es el de la pérdida de confidencialidad en caso de que alguien acceda al dispositivo del paciente en el que se encuentra información sensible.
 
La Agencia Americana de Medicamentos (FDA) y la Unión Europea, fijaron unos criterios de calidad mínimos para este tipo que apps que establecen cuáles deben considerarse como productos sanitarios, aunque la clasificación de una aplicación móvil como producto sanitario aún puede ser dudosa y compleja.
 
Algunas iniciativas independientes, como la propuesta por la Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía, buscan que haya una homogeneidad y un control en las aplicaciones que se ponen a disposición de los pacientes en las tiendas de aplicaciones como Google Play o App Store.
 
La Agencia propone que todas estas aplicaciones sigan un proceso estandarizado y cumplan con unos requisitos de seguridad y calidad antes de ponerse a disposición de los pacientes y los profesionales. También piden que se otorgue un “sello de calidad” a este tipo de aplicaciones para que los usuarios sepan que pueden confiar en ellas.
 
Claramente el sector seguirá creciendo y con él, la regulación será mucho más estricta, pero por el momento habrá que utilizar este tipo de aplicaciones con cabeza y esperar a que cuenten con un mayor respaldo científico del que cuentan actualmente.



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